01 de marzo del 2023
Salmos 56:1-13
PERDÍ A ALGUIEN ESPECIAL
“Tú llevas la cuenta de mis huidas; tú recoges cada una de mis lágrimas”.Salmos 56:8
Quizá estés sufriendo la pérdida de alguien muy querido. Tu dolor es profundo. La herida es tan grande que crees que jamás sanará. Es un dolor en lo profundo del alma, como si alguien te hubiera arrancado el corazón y la sangre no dejara de correr. Aunque muchos hayan sentido o aún sientan la pérdida de un ser querido, nadie sabe lo que tú personalmente estás sufriendo en estos momentos. Cada pérdida es única en este sentido, puesto que la persona que ha partido representó algo particular para cada uno de nosotros. Solo tú comprendes el vacío que este ser querido ha dejado y lo mucho que te duele su partida. Es por eso que la Palabra de Dios tiene una buena noticia para ti: hay alguien que sí entiende tu dolor, él también ha experimentado el desconsuelo de la pérdida, en la muerte de su único hijo, Jesús. Dios conoce tu corazón y recoge tus lágrimas en sus amorosas manos. Dios se interesa en ti, en tu llanto, confusión, frustración, angustia, miedo, inseguridad y vacío. Él sabe lo que es sufrir. Puedes contarle tu dolor y llorar en su regazo. Él consolará tu corazón. “El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza”. (Salmo 34:18). Puedes venir a Él y encontrarás alivio para tu corazón y esperanza para los días por venir.
Padre, tú conoces mi dolor. Gracias por ser el Dios de toda consolación y por dejarme llorar en tu regazo. En el nombre de Jesús, amén.
Las crisis que nos llegan al alma son gigantescas. Presiones externas y temores in- ternos conspiran en nuestra contra sin cesar. Vivimos acosados por amenazas reales y también por amenazas ficticias. La vida no se da sin dolor. Nuestros caminos no están llenos de flores. No pisamos alfombras de terciopelo. Nuestra jornada se da por caminos espinosos. Sangran nuestros pies. Nuestra alma se arquea afligida. Nuestro cuerpo tiembla. Nuestras lágrimas revientan en nuestros ojos. Nos sentimos frágiles e impotentes, a veces, incluso sin fuerzas para seguir. En esos momentos necesitamos consuelo. No el consuelo superficial que viene de la tierra, sino el consuelo robusto que emana del cielo. Esta serie de reflexiones está basada en mi experiencia en el ministerio de consolación. Escribo desde el calor de la batalla, donde la gente llora, sangra y desesperadamente tiene que oír una palabra de esperanza. ¡Lee este devocionario con la sed del alma y recibe, también, un mensaje de consuelo!
Eleny Vassão
Sirve de capellán en un hospital. Es escritora, conferencista, y directora del Consejo Presbiteriano de capellanes.