18 de enero del 2023
Génesis 21:9-21
NUESTRO DIOS COMPASIVO
“…ve a buscar al niño, y no lo sueltes de la mano,pues yo haré que de él salga una gran nación”.Génesis 21:18
La compasión de Dios es admirable. Todos la hemos disfrutado aun si no reconocemos su existencia. “Él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos”, dice Jesús (Mat. 5:45). Su compasión no solo debe ser un deleite para sus hijos; también debe ser un ejemplo. No solo debe ser una doctrina cristiana, también un estilo de vida. Esto es algo que a veces olvidamos, sobre todo con la gente vulnerable. En la Biblia tenemos registros de acciones muy por debajo de los estándares de quienes componen el pueblo de Dios. La familia de Abraham no es la excepción y lo vemos en el trato de Sara a su esclava Agar. Su acción parecía estar justamente motivada al notar las burlas de Ismael, hijo de Agar y Abraham, hacia su pequeño Isaac. Pero había más de fondo: “Mi hijo Isaac no tiene por qué compartir su herencia con el hijo de esa esclava”. Al final resolvieron echarlos de la casa, exponiéndolos a un futuro incierto. Agar decidió abandonar a su hijo en el desierto, antes que verlo morir. Pero Dios intervino para enderezar el agravio. Él le habló desde el cielo a través de un ángel, les dio de beber de manera milagrosa, y prometió hacer de ese pequeño una nación grande. Y así es como debemos tratar nosotros a aquellos con quienes no congeniamos: “Si tu enemigo…tuviere sed, dale de beber…” (Rom. 12:20).
Amoroso Dios, que nuestro comportamiento dignifique la vida de nuestros semejantes. En el nombre de Jesús, Amén.
Un nuevo año comienza y, después dos años aciagos, tenemos la esperanza de que éste será mejor. Pero no siempre sucede así. No sabemos que giros dará la política internacional. No sabemos en que terminará la crisis inflacionaria. Pero hay algo que sí sabemos: “A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien”. Esta es una lección recurrente para el pueblo de Dios. La historia que leemos en el libro de Génesis resuena con ese mensaje. Allí vemos como un mundo perfecto, dio lugar al pecado, la violencia, las relaciones rotas, en fin, a la experiencia de vivir en un mundo caído. Pero es alentador ver la manera en que aun en familias imper- fectas, Dios fue dirigiendo sus vidas para cumplir sus propósitos. Y el libro termina con la historia de un personaje que testifica de la manera que Dios actúa en medio de nuestros peores actos. Así que, ánimo. Dios no ha terminado con nosotros. Y si él es con nosotros, podemos esperar cosas buenas aun en medio de circunstancias adversas.
Salomón Medina
Salvadoreño, ha contribuido al desarrollo holístico de ministerios desde la niñez, adolescencia, juventud, personas con discapacidad, sobrevivientes de la guerra civil y personas en comunidades de alto riesgo, además coordina actualmente el proyecto “Alternativas a la violencia”