Mateo 2:7-12
ECOS DE LA NAVIDAD
“Cuando los sabios vieron la estrella, se alegraron mucho. Luego entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose le rindieron homenaje”. Mateo 2:10,11
Alguien preguntaba, no sin un dejo de ironía, qué hubiese pasado si en lugar de hombres sabios, hubiesen sido mujeres sabias quienes salieran rumbo a Belén. Y responde que como hubieran pedido direcciones desde el principio, habrían llegado a tiempo, ayudado con el parto, limpiado el establo, hecho una comida decente, y traído regalos más prácticos, como ropitas, sandalias, etc.
Cualquiera que haya sido la razón, lo cierto es que los magos, como también se les conoce, llegaron meses después de que el niño había nacido. La familia se encontraba establecida en una casa, y la vida estaba volviendo a la normalidad. Pero no puede haber tranquilidad mientras el gran enemigo de Dios esté al acecho. La visita de los magos, que hace de la navidad un acontecimiento para todas las naciones, también desata la persecución de quienes no quieren reconocer a Jesús como rey. Belén se convierte, de un día a otro, en una zona de duelo.
En nuestro tiempo lo vivimos de maneras más sutiles. Una vez que la celebración de la navidad queda atrás, los comercios, las familias, y hasta las iglesias, vuelven su atención a otras cosas. Lo que ahora preocupa son las deudas, el sobrepeso y el regreso al trabajo. Seamos sabios: Cristo no es rey por un solo día, él reclama el señorío de toda la vida.
Padre, te pido que me ayudes a reconocer la grandeza de tu hijo cada día de mi vida. En su nombre te lo pido, amén.