Juan 14:1-6
EL MEJOR LUGAR DE REENCUENTRO
“Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar”. Juan 14:3
Durante siglos, estas palabras han traído un enorme consuelo a la vida de innumerables personas. Han servido de ancla firme a corazones atribulados cuando la tempestad ha golpeado sus vidas de manera imprevista. En esas palabras encontramos una esperanza para el tiempo de angustia, y verdades probadas para encarar la adversidad, incluida la muerte.
El Señor Jesucristo dirigió estas palabras a personas tristes y desalentadas. Se dirige a sus discípulos a quienes el Señor les anuncia su pronta partida de este mundo, y la noticia los ha cimbrado totalmente. Pero es precisamente en estos momentos de desconcierto que el Señor aprovecha para confirmarles el gozoso mensaje que, más allá de esta vida, un reencuentro es posible.
¿Por qué habla el Señor de esta esperanza con tanta seguridad y confianza? Porque es un lugar que él conoce muy bien: “en la casa de mi Padre muchas moradas hay”. Él se refiere a las moradas celestiales, el lugar de habitación de su Padre, y el cual él describe como un lugar real, y no como el producto de la imaginación o la fantasía. Es tan real que Él pone su credibilidad en juego, pero no lo hace para satisfacer la curiosidad humana, sino para reanimar la fe desdibujada de sus seguidores. Y si queremos nosotros contar también con esa esperanza él nos da la clave: crean en Dios, crean en mí.
Gracias, Señor, porque un día espero verte cara a cara, y abrazarte, con la dicha de que estaré contigo para siempre. Amén.