Santiago 3:1-12
A SU IMAGEN
“Con ella [la lengua] bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos
a los hombres, que están hechos a la imagen de Dios”
Santiago 3:9
Todos los seres humanos venimos de un mismo linaje. Todos venimos de una primera pareja, Adán y Eva, como la Biblia enseña. No sólo participamos de una misma sangre y de un mismo ADN; lo más maravilloso es que somos también portadores de la imagen y semejanza de Dios. No hay nadie, aún en nuestro estado caído que esté desprovisto de esa imagen, y que nos recuerda la elevada dignidad con la que Dios nos ha creado.
Sin embargo, al dirigirse a una congregación del primer siglo, el apóstol Santiago detecta una incongruencia bastante frecuente. No siempre tratamos a nuestros semejantes con el debido respeto y dignidad con que el Creador los ha dotado. Tampoco procuramos hacerles bien, y, a menudo, el testimonio de la propia iglesia se ve manchado por hacer distinción de personas (Santiago 2:4).
¿Se imagina la diferencia que haríamos como iglesia de Cristo sí nuestro trato con los demás fuera acorde con los principios bíblicos? ¿Cuánto cambiarían nuestras relaciones si estuvieran basadas en esos fundamentos? Es una cuestión del corazón. Solo un corazón renovado a la imagen del que lo creó, puede ver de manera compasiva a otros. Pidamos a Dios que limpie la fuente, para que, como dice Santiago, de ella brote solo agua dulce y no amarga, como dice.
Señor, gracias por darnos un ejemplo claro para vivir nuestra humanidad conforme a tu voluntad. En Cristo Jesús, Amén.