Hechos 17:16-33
UN SOLO HOMBRE, UN SOLO DIOS
“De un solo hombre hizo él todas las naciones, para que vivan en toda la tierra; y les ha señalado el tiempo y el lugar en que deben vivir, para que busquen a Dios…”.
Hechos 17:26, 27
El origen del hombre sigue siendo una incógnita para mucha gente. Durante largo tiempo prevaleció la creencia de que las diferencias raciales se debían a ancestros distintos. ¡Qué bueno es saber que esto no es así! La misma ciencia ha demostrado un parentesco común entre los seres humanos. Somos de un mismo linaje, de una misma sangre, como ya desde la antigüedad se afirmaba.
De acuerdo a la Escritura este linaje común no es producto de la casualidad. Es la obra maravillosa de un Dios sabio y bondadoso. Es él quien nos da a todos “la vida, el aire, y las demás cosas”. Ni siquiera el lugar en el que hemos nacido es casualidad. Y hay algo que lo mueve a desplegar tanta bondad en los seres humanos: “Para que busquen a Dios”. Este es el fin de nuestro paso aquí sobre la tierra. Buscar y conocer al Dios vivo y verdadero. Él es la razón de nuestra existencia, y en quien podemos encontrar la verdadera felicidad.
Al igual que los griegos a quienes Pablo se dirige en este pasaje, todos tenemos vestigios de la existencia de Dios. Pero son reminiscencias vagas, que no nos llevan al único Dios y Padre de Jesucristo. Por eso es que a través de Jesús él se revela para que él sea el camino para llegar al Padre. ¿Has realizado ya esta búsqueda y has encontrado al Dios vivo y verdadero?
Padre, te agradezco por la vida que me das, y por darme la gracia de conocerte en Jesucristo. Gracias por tu salvación gloriosa. En Cristo, amén.