Salmo 103:1-22
COMO LA HIERBA
“La vida del hombre es como la hierba; brota como una flor silvestre: tan pronto la azota el viento, deja de existir…” Salmo 103:15-16
Leí un relato de un hermano en la fe que, mientras estaba hospitalizado en estado crítico, tuvo una experiencia abrumadora de gratitud. Sucedió mientras estaba acostado tranquilamente en un silencio melancólico que se había apoderado de la unidad de cuidados intensivos a las dos de la mañana. No hubo advertencia, no hubo preparación.
Entonces, solo en la oscuridad de esa mañana, su espíritu fue repentinamente poseído por algo que él concluye que fue gratitud. Dijo que se produjo como un ataque, un ataque de frenesí, de pura alegría. En ese momento se dio cuenta de lo frágil y fugaz que es la vida, pero también de lo preciosa y milagrosa que es. Dijo que había vivido tan ocupado que casi había olvidado el regalo de la vida. En su torbellino de gratitud, todo lo que pudo decir fueron las palabras del Salmo 103: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre”.
Con palabras sencillas e inquietantes, el salmista nos recuerda que la vida “brota como una flor silvestre: tan pronto la azota el viento, deja de existir”. Estas palabras nos permiten hacer una pausa, y no caer en la desesperación. Porque también podemos estar seguros de que “el amor del Señor es eterno para aquellos que lo honran”. El amor de Dios está con nosotros y no permitirá que nada nos separe de él. ¡Alabado sea el Señor!
Señor, hoy se nos recuerda cuán fugaz y preciosa es la vida. Reciba nuestro agradecimiento por este regalo incomparablemente bueno. En el nombre de Jesús, Amén.