1 Crónicas 16:7-36
LOS COMIENZOS DE LA GRATITUD
“Den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su
amor es eterno”.
1 Crónicas 16:34
Este mes nos enfocamos en la gratitud. Ser agradecidos nos beneficia y la ciencia lo ha demostrado. El médico Hans Seyle, quien estudió los efectos negativos del estrés, afirma que el mejor antídoto contra ello es la gratitud. Por supuesto, la ciencia no puede captarlo todo porque la gratitud está arraigada en Dios. Es de las oleadas de la bondad de Dios que la gratitud crece.
En el antiguo Israel, el rey David responde a la bondad de Dios con todo su ser. La alabanza brota de sus labios al celebrar todo lo que Dios ha hecho. Y con mucha razón, pues nuestras primeras evidencias de la bondad de Dios están en la creación. David pide que los cielos se regocijen y la tierra se alegre. Él invita al mar a resonar, a los campos a estar jubilosos y a los árboles del bosque a cantar de alegría.
¿Por qué? Porque el mundo está firmemente establecido. Desde el principio la bondad de Dios quedó plasmada al establecer este mundo, y él continúa sosteniéndolo con su preciosa gracia. Se ha dicho que si la esencia de Dios es la bondad y la gracia, la esencia del pueblo de Dios es la gratitud. Cuando nos tomamos el tiempo para recordar la bondad y la gracia de Dios, nuestros corazones entran en sintonía con la melodía agradecida que canta toda la creación. ¡Así que unámonos al mar, a los campos y a los árboles hoy y cantemos de alegría!
Dios Creador, elevamos nuestros corazones hacia ti en gratitud por este hermoso mundo que has creado. Gracias por todo lo que has hecho por nosotros. En Jesús, Amén.