Filipenses 1:1-11
SOLIDARIZADOS CON EL EVANGELIO
“Pues ustedes se han hecho solidarios con la causa del evangelio, desde el primer día hasta hoy”.
Filipenses 1:5
Filipos era una colonia romana y Pablo llegó allí al comienzo de su segundo viaje misionero. A pesar de ser azotado y encarcelado en la ciudad, dejó allí una iglesia robusta. Esta iglesia se convirtió en el colaborador más grande del apóstol en su ministerio. Envió ayuda a Pablo cuando estaba en Corinto. Luego Pablo, con insistentes súplicas, le pidió que participara en la colecta que se estaba haciendo para los pobres de Judea. Más tarde, por medio de Epafrodito envió ayuda financiera a Pablo mientras estaba encarcelado en Roma.
Pablo escribe la carta a los filipenses para agradecer a esa iglesia por su cooperación en el evangelio. La obra de Dios envuelve las manos de los que contribuyen, las rodillas de los que oran y los pies de los que van a los campos misioneros. Es necesario que haya una colaboración mutua entre la iglesia que envía y los misioneros enviados.
Los que sostienen las cuerdas son tan importantes y estratégicos como los que descienden de las cuerdas. Los que apoyan a los obreros cumplen con la misión de la iglesia como los que van a los rincones de la tierra. Para que el evangelio sea predicado en todo el mundo, a toda criatura, debe haber cooperación. La iglesia que se queda atrás es tan importante en la proclamación del evangelio como los misioneros que caminan hacia el frente.
Padre ayúdanos a trabajar unidos con el mismo propósito de dar a conocer tu palabra. Te lo rogamos por Jesucristo, amén.