2 Timoteo 2:1-13
SIEMPRE FIEL
“Si no somos fieles, él sigue siendo fiel, porque no puede
negarse a sí mismo”.
2 Timoteo 2:13
La “fe” es también un fruto del Espíritu y deberíamos anhelar que crezca en nuestras vidas. Pero ¿qué se entiende por fe en este caso? Es obvio que no se refiere a la fe salvadora, porque es a partir de ella que se desprende el fruto del Espíritu. Tampoco es la confianza que tenemos en Dios en la vida diaria. La interpretación más conocida es que, en este caso, la fe se entiende como fidelidad. Es la forma en que se usa esta palabra en Romanos 3:3: “¿Acaso Dios dejará de ser fiel, por el hecho de que algunos de ellos hayan sido infieles?”
La fidelidad de Dios es una fuente de consuelo para el corazón de muchos creyentes. Es el caso de aquellos a quienes el mismo Espíritu redarguye de sus faltas. ¿Por qué un Dios tan grande y glorioso despliega su fidelidad en tan frágiles criaturas? Como el salmista dice: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8:4).
Según 2 Timoteo 2:13, Dios es fiel a sus pequeñas criaturas porque está en su naturaleza hacerlo. Si alguna vez Dios se dispusiera a ser infiel, primero tendría que repudiarse a sí mismo, porque ser fiel está en su misma naturaleza. Aunque podemos dar a Dios solo un poco a cambio, él permanece para siempre fiel a todos los que ama. Y sorprendentemente, por su Espíritu, Dios quiere hacer crecer esa misma fidelidad en nosotros.
Oh Dios, tu fidelidad nos asombra. Haz de nuestros corazones buena tierra para que tu fidelidad crezca también en nosotros. Haznos dignos de confianza. En Jesús oramos, Amén.