Colosenses 3:1-11
UN RETRATO DE JESUCRISTO
“Se han revestido de la nueva naturaleza: la del nuevo hombre, que se va renovando a imagen de Dios…”.
Colosenses 3:9-10
Muchos artistas han tratado de retratar a Jesús en pinturas, dibujos y esculturas. Rembrandt, por ejemplo, se esforzó por representar el rostro de Cristo de la manera más realista posible. Una de sus obras más conocidas es La cabeza de Cristo (c. 1655). En el siglo pasado, el retrato de Jesús de Warner Sallman, también llamado La cabeza de Cristo (1941), moldeó la forma en que toda una generación se imaginó a Cristo. La obra de Sallman se ha reproducido más de 500 millones de veces, lo que la convierte en una de las obras de arte más populares de la historia.
Al describir el fruto del Espíritu como “amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y templanza”, el apóstol Pablo nos da su propio retrato de Jesús. Juntas, estas cualidades pintan un cuadro del carácter de Cristo. Y aunque ninguna persona ha exhibido nunca estas cualidades con tal equilibrio o perfección como Jesús lo ha hecho, el Espíritu quiere producir ese fruto en nosotros. El Espíritu quiere que nos vistamos del “nuevo hombre, que se va renovando… a imagen de Dios, su Creador”.
El fruto del Espíritu no ocurre de manera natural en nosotros. Sólo Dios es la fuente del fruto; sólo Cristo encarna perfectamente el fruto; y solo el Espíritu desarrolla y produce el fruto en los corazones del pueblo de Dios. ¡Así es como mostramos el amor de Dios al mundo!
Gracias, Señor, por el hermoso retrato de Jesús que vemos en el fruto del Espíritu. Haz crecer tu fruto en nosotros para que nuestros retratos se parezcan más al de tu Hijo. En Jesús, Amén.