Lucas 10:25-37
¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?
“Pero un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión”.
Lucas 10:33
La amabilidad, o benignidad, como traducen algunas versiones, es una de las cualidades que los padres gustan de cultivar en sus hijos. Significa tener una disposición amable y compasiva hacia otros. Es una cualidad que también Dios desea que sus hijos cultiven y él nos da el ejemplo: “Con misericordia eterna tendré compasión de ti” (Isaías 54:8). La benignidad es parte de la vestidura de una persona nacida de nuevo (Colosenses 3:12). Es por eso que el Espíritu de Dios quiere que se desarrolle en nosotros (Gálatas 5:22-23).
Pero ¿cómo reflejar esa cualidad en la práctica? Jesús contó una parábola para ejemplificar un corazón compasivo. En la historia, dos hombres religiosos muy respetados, un sacerdote y un levita, no ayudaron a una persona que había sido golpeada, robada y dejada por muerta al borde del camino. Pero una tercera persona, un samaritano (a quien ellos consideraban un enemigo), se detuvo y socorrió al hombre malherido.
El mensaje de Jesús es claro. Nuestra disposición compasiva debe mostrarse incluso a quienes consideramos como enemigos, alguien por quien debemos preocuparnos, alguien a quien debemos amar. Hoy seguramente hay alguien que necesita de tus cuidados y bondad. ¿Quién podría ser esa persona? Toma tiempo para mostrarle a esa persona el interés y la misericordia de tu Señor.
Dios nuestro, abre nuestros ojos a las necesidades que nos rodean. Llénanos de misericordia, compasión y bondad para que seamos prójimos incluso de las personas que no nos agradan. En Cristo, Amén.