10 de junio del 2022
Génesis 11:1-9
LA CIUDAD DE BABEL
“…confundió el idioma de todos los habitantes de la tierra, y de allí los dispersó por todo el mundo. Por eso la ciudad se llamó Babel”.
Génesis 11:9
¿Has estado alguna vez en un lugar o en presencia de alguien que habla una lengua totalmente diferente a la tuya? Qué lío, ¿verdad? Tenemos que hacer de todo, dibujar, hacer mímicas con tal de que entiendan al menos una parte de lo que queremos comunicar. ¿Se imagina cómo sería el mundo cuando todos hablaban el mismo idioma? Podríamos pensar que lo usarían para bien, pero no fue así.
En los primeros relatos de la Biblia encontramos a la gente tramando una idea sorprendente: “Construyamos una ciudad y una torre cuyo punto más alto llegue al cielo”. ¿Qué era lo que la humanidad se traía entre manos? Se trata de una actitud arrogante, que les hace creer que pueden llegar hasta Dios mismo. Buscan ganarse fama con la realización de este proyecto, y encontrar seguridad por sí mismos.
El intento de estos hombres puede sonarle descabellado, pero sigue siendo más común de lo que imaginamos. Puede verlo tanto en los gobernantes que quieren dominar el mundo por sí solos, como en las religiones que se han construido su propio camino hacia Dios. ¿Nota cómo responde Dios a estos vanos intentos? Tuvo que descender a ver lo que los hombres hacían. Desbarató sus planes, y puso en movimiento otro, por medio del cual bendeciría a todas las naciones en Cristo Jesús.
Que mis acciones no te hagan enfadar conmigo, oh gran Dios. Quiero venir a ti, pero de la manera correcta. En Cristo, Amén.
El tema del devocional de este mes es “Escuchar la voz de Dios”. Dios es un Dios de amor, pero se molesta cuando se le desobedece o cuando no hacemos su voluntad. Desde finales de 2019 la humanidad está sufriendo el coronavirus que se ha convertido en una terrible pandemia. Algunos seres queridos, amigos y familiares han perdido la batalla contra el virus y muchas personas se preguntan: ¿Por qué Dios permite tantas muertes? En la Biblia hay numerosos relatos de enfermedades y plagas que azotaron al pueblo, pero Dios nunca apartó su rostro, ni lo ignoró, ni abandonó a su pueblo a su suerte. Nuestro Dios tiene el control de todo y ni un cabello cae de nuestra cabeza sin su permiso. Pero es necesario comprender y analizar cuál es el mensaje que él quiere enviarnos cuando permite cosas como las que hemos vivido suceden. ¡Disfrute de su lectura!
Edison Souza
Periodista y Anciano en la Iglesia Presbiteriana de Campinas, São Paulo, Brasil.