Deuteronomio 27:9-16
LO QUE DIJIMOS ESE DÍA
“Y todo el pueblo dirá: Amén”.
Deuteronomio 27:15
Los oficiales de policía, los agentes del servicio secreto y los soldados hacen juramentos de que pondrán sus vidas en juego, si es necesario. Perder la vida en el curso de tal deber es honorable, pero es doloroso para aquellos que se quedan atrás.
En la lectura de hoy, Moisés enseña a Israel a poner su vida en juego. Una vez que estén en la tierra prometida, ellos pronunciarán las bendiciones y maldiciones del pacto (véase Josué 8:30-35): bendiciones para una vida fiel, maldiciones para la deslealtad. Los levitas pronunciarán las maldiciones, y el pueblo dirá: “¡Amén!” Pronunciar estas bendiciones y maldiciones equivale a hacer un voto, una promesa de ser fiel a Dios y disfrutar de sus beneficios, o sufrir el castigo por la deslealtad.
Tenemos que admitir que la maldición sobre el pecado sigue siendo válida para todos. “Todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios” (Romanos 3:23). Pero en su misericordia Dios nos ofrece sus bendiciones de manera gratuita. Los creyentes han puesto sus vidas en las manos de Jesús, quien tomó la maldición en nuestro lugar. Cada vez que se reúnen para adorar los cristianos confiesan que “la paga del pecado es muerte, pero el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 6:23). ¿Le dirás “¡Amén!” a eso?
Gracias, Padre celestial, porque Cristo tomó sobre sí la maldición que merecemos. Por Jesús, nuestro Salvador, amén.