Deuteronomio 21:1-9
CIERRE DE CASOS NO RESUELTOS
“Así quedarán absueltos de la culpa por la sangre de esa persona”.
Deuteronomio 21:8
La policía no siempre atrapa a los asesinos. La evidencia puede ser demasiado limitada y la investigación puede terminar sin resolverse. Nuestro sistema de justicia exige la condena de un perpetrador antes de que se pueda cerrar un caso. Por lo tanto, la policía y la familia de la víctima pueden esperar años para que se resuelva, o quizá nunca suceda.
Moisés dice que en tales casos no está en juego solo la víctima o el asesino desconocido, sino también la sangre que clama a Dios, que la dio. La sangre de la vida es un don divino y el asesinato le roba la vida a Dios que la dio. Aunque no se conozca al perpetrador el caso necesita cerrarse. Así que los ancianos de la ciudad más cercana de donde se encontró un cadáver estaban obligados a declarar su inocencia ante Dios y a ofrecer un sacrificio. Una vida por una vida. Ante Dios eran entonces inocentes, la culpa era limpiada y se hacía expiación. Caso cerrado.
Sin embargo, aun si se resuelven estos casos, no hay un cierre completo. La justicia humana no puede expiar la brutal matanza de un ser querido, ni siquiera quitándole la vida al perpetrador. ¿Qué puede expiar tal pérdida? Somos tan preciosos a los ojos de Dios que no puede haber cierre hasta que Dios mismo esté satisfecho. El cierre comienza con la sangre derramada de nuestro inocente Señor Jesucristo. Créalo. Descanse en él. Esté en paz.
Padre Celestial, concede que se haga justicia en la tierra como en el cielo, en el nombre de Cristo, amén.