Deuteronomio 1:6-8
EL REGALO DE DIOS
“Yo les he entregado el país; vayan y tomen posesión de la tierra que yo, el Señor, juré dar a los antepasados de ustedes”.Deuteronomio 1:8
Seamos sinceros. No somos muy pacientes que digamos a la hora de esperar que alguien cumpla una promesa. En este mismo momento quizá todavía recuerdes a alguien que te aseguró que te daría algo y no lo ha hecho. Pero, por otro lado, qué alegría se siente cuando por fin esa persona cumple con lo prometido.
¿Se imagina esperar toda la vida, o por varias generaciones para ver cumplida una promesa? Eso es precisamente lo que pasó con el pueblo de Israel. Habían pasado cientos de años desde que Dios le prometió a Abraham la tierra de Canaán (Génesis 12:1-7), pero sus descendientes aún no la poseían. El tiempo de Dios a veces requiere paciencia. Pero ahora el momento ha llegado: “Yo les he entregado el país”; el regalo era seguro. ¿Valía la pena haber esperado tanto? Escuche el informe que los espías dieron de aquel lugar: “La tierra que el Señor nuestro Dios nos da es magnífica”. (Deuteronomio 1:25). ¿Cómo podría no ser buena? El regalo refleja al Dador.
No se trata realmente del regalo, por supuesto, sino del Dador. El punto no es la buena tierra, sino la presencia misericordiosa de Dios. Él puede estar presente en cualquier lugar: en el desierto, en las llanuras al este del Jordán y, sí, también justo más allá del río. Mira al Dador, advierte su presencia, recibe el regalo preparado para ti, y disfrútalo para siempre.
Te doy gracias, Señor, por el perdón de pecados y el don de la vida eterna. Ayúdame a ser consciente de tu presencia en mi vida. En el nombre de Jesús, amén.