Salmos 51:1-7
PERDÓNANOS
“Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí… ¡Lávame de mi maldad! ¡Límpiame de mi pecado!”.
Salmos 51:1-2
Esta petición del Padre Nuestro tiene dos versiones. Mateo cita a Jesús diciendo: “Perdónanos nuestras deudas” (Mateo 6:12), mientras que en Lucas leemos: “Perdónanos nuestros pecados” (Lucas 11:4). De cualquier manera, las “deudas” y los “pecados” —y también las “ofensas”- describen con amplitud cuán distantes no quedamos de cumplir con la voluntad de Dios y cuánto necesitamos de su gracia.
La buena noticia, felizmente, es que Jesús pagó esa deuda por nosotros, y cuando confesamos nuestros pecados en el nombre de Jesús, Dios nos perdona. Entonces, tal vez se pregunte “Si hemos sido perdonados, ¿por qué Jesús nos enseña a seguir pidiendo perdón a Dios?”. Bueno, el problema es que todavía luchamos con el pecado. El perdón de Dios en Cristo es una realidad para todos sus hijos de la que él no va a despojarnos. Es una bendición que trae tranquilidad a nuestros corazones y seguridad acerca de nuestro destino eterno. Pero, como niños descarriados, seguimos cometiendo ofensas todos los días, contra Dios y contra las personas.
Así que debemos venir diariamente a nuestro Padre celestial, buscando su compasión y cuidado cariñoso para que podamos seguir creciendo y llegar a ser como su Hijo Jesucristo. Cuando le pedimos a Dios a diario que nos perdone nuestros pecados, buscamos crecer para honrarlo y servirlo en el mundo.
Padre celestial, gracias porque tu Hijo ha pagado por nuestros pecados. Ayúdanos en nuestras luchas diarias para vivir cada vez más para ti. En el nombre de Jesús, Amén.