Salmo 51:1-9
CONFRONTACIÓN Y CONFESIÓN
“Contra ti he pecado, y sólo contra ti, haciendo lo malo, lo que tú condenas…” Salmo 51:4
¿Qué se espera de un amigo que conoce algún delito o falta nuestra que no queremos reconocer? Muchas veces queremos que no nos diga nada, y menos que nos confronte con nuestro error. En el caso del rey David, hizo falta la visita valiente de un profeta de Dios, para que de manera sabia lo confrontara y lo hiciera reconocer su pecado.
La historia se encuentra en 2 Samuel 11-12. David había tomado la esposa de otro hombre, y para encubrir su pecado arregló para que el marido de ella muriera en batalla. David continuó su vida, como si nada hubiera pasado. Hasta que el profeta del Señor lo confrontó. Esa experiencia lo llevó a escribir el Salmo 51 como una confesión de sus pecados: “Reconozco que he sido rebelde; mi pecado no se borra de mi mente”. El salmo es también una súplica para que Dios lo trate con misericordia: “oh, Dios, ten compasión de mi”,
A veces se necesita una confrontación especial para llevarnos a la confesión. Tal vez, como David, hemos continuado como si nada hubiera pasado. Quizás alguien necesite confrontarnos con lo que hemos hecho. Tal vez necesitemos confrontar a un pariente o amigo que no se da cuenta que ha pecado contra Dios. Sea lo que sea, tenemos que confesar y pedir un nuevo comienzo. ¡Cuando lo hagamos, experimentaremos la bondadosa misericordia de Dios!
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu amor inagotable. Lávame de toda mi iniquidad y límpiame de mi pecado. Por Jesucristo, amén.