05 de septiembre del 2021
Génesis 21:22-34
LUGAR DE CULTO Y ORACIÓN
“…Abraham plantó un árbol, un tamarisco, e invocó el nombre del Señor, el Dios eterno”.
Génesis 21:33
En el centro de Freetown, Sierra Leona, un enorme árbol de algodón (ceiba) se erige como un recordatorio de la libertad y de cómo los esclavos estadounidenses liberados, cuando regresaron a África a través de Nueva Escocia, se reunieron a su sombra para adorar y orar.
Abraham estableció un hito importante cuando plantó un árbol de tamarisco en Beerseba, que era un territorio nuevo y extraño para él. Génesis 21 señala que Abraham vivió allí en territorio filisteo durante mucho tiempo. Y después de que hizo un pacto con los filisteos en Beerseba, se convirtió en un lugar de adoración donde invocó el nombre del Señor, el Dios Eterno.
El tamarisco también se conoce como el árbol del terebinto, que tiene un efecto refrescante durante el día porque secreta sal y pequeñas gotas de agua, creando un vapor fino y refrescante. Allí Abraham invocó el nombre del Señor, quien lo bendijo, y así se convirtió en una bendición para los demás.
Debido a que estos árboles a menudo viven por mucho tiempo, nos ayudan a recordar la fidelidad de Dios. Por lo tanto, plantar un árbol puede darnos una perspectiva del futuro y también puede bendecir a las generaciones siguientes. Puede inspirar esperanza, especialmente cuando sabemos que algún día viviremos eternamente con Dios en la eternidad (Apocalipsis 21-22).
Dios eterno, muévenos cada día a invocar tu nombre, para ser bendición a las personas que nos rodean. Por Jesús te lo ruego. Amén.
Árboles. Probablemente haya alguno que signifique algo importante en su vida. O tal vez en la vida de su país. De cualquier forma, la historia de la humanidad, tal y como la Biblia la cuenta, gira alrededor de muchos árboles que nos ayudan a comprender el carácter y la obra de Dios a lo largo de la historia. Nuestra tragedia comienza con la desobediencia al mandato de Dios de no comer de un árbol. En la consumación, Dios nos reitera su amor y constancia al permitirnos comer del fruto del árbol de la vida. Pero en el centro de toda esa historia, la madera de otro árbol sirvió de instrumento para que Jesús ofreciera su vida por nosotros, y, de ese modo, hacer posible la redención de su pueblo. Espero que los devocionales de este mes que nos hablarán de esos y otros árboles, sirvan de edificación para sus vidas.
Julia Prins Vanderveen
Julia Prins Vanderveen trabaja y vive en Vancouver, con su esposo, Trevor, y sus tres hijos. Julia ha servido junto con Trevor en la Iglesia en su ciudad, y trabaja como maestra de humanidades en una escuela cristiana.