Salmo 62:1-12
DIOS, EL ANCLA DE NUESTRA ESPERANZA
“Sólo en Dios encuentro paz; pues mi esperanza viene de él”. Salmo 62:5
Hay momentos en la vida en los que circunstancias horribles nos abruman y sentimientos destructivos nos atormentan. En esas horas quedamos atrapados en un callejón sin salida y cualquier esperanza de liberación parece imposible. Nos sentimos impotentes ante problemas que lucen gigantescos. Quedamos aplastados bajo un rodillo, postrados y sin esperanza. Al mismo tiempo que las circunstancias adversas se presentan con el ceño fruncido, nuestros sentimientos entran en convulsión, agitados por un torbellino incontrolable.Así fue como David se sintió a menudo perseguido por Saúl, acorralado por sus oponentes y cuando fue atacado por su propio hijo Absalón, quien quería quitarle la vida para arrebatarle el trono. ¿Qué hacer en momentos como ésos? David nos enseña a hablar con nuestra propia alma, para esperar en Dios, aunque las palabras no broten más de nuestros labios.Debemos esperar en Dios en silencio, sin ningún tipo de discurso, sin ningún argumento, sin palabra alguna. Esto, porque Dios es nuestra esperanza y de él viene nuestro socorro. Dios es el contenido y la fuente de toda la esperanza. Todo aquel que en él espera, jamás será avergonzado. Todo aquel que confía en su carácter, en su palabra y en sus promesas, logrará la victoria. Dios es el ancla de nuestra esperanza. ¡Podemos confiar en él!
Gracias, Señor, porque sé que cuando mi ser se encuentre desesperado, tú estarás a mi lado para levantarme. Quiero vivir cada día gozando de tu paz. Por tu Hijo Jesús, Amén.