Salmo 4:1-8
PAZ PARA DORMIR
“Yo me acuesto tranquilo y me duermo en seguida, pues tú, Señor, me haces vivir confiado”. Salmo 4:8
David estaba pasando el momento más lúgubre de su vida. Ya había entablado peleas terribles con su suegro, con los filisteos, e, incluso, con las bestias. Había salido victorioso de todas estas luchas, pero ahora es contra su hijo Absalón. Esta fue una batalla sin gloria, ya que su hijo quería tomar su trono y quitarle la vida. David tiene que huir de Jerusalén y dormir en tiendas de campaña improvisadas en el desierto para no ser muerto por su propio hijo.Las circunstancias eran sombrías, pero el corazón estaba sereno. Los pies estaban en el valle, pero en el corazón el terreno era plano. Por eso, David podía dejarse caer y conciliar el sueño. Su seguridad no venía de sus sentimientos ni de sus soldados, sino de Dios. Nuestros problemas, muchas veces, vienen como un torrente sobre nuestra cabeza. Nuestro hogar, algunas veces, se convierte en el origen de nuestra mayor angustia. Aquellos que deberían ser la fuente de nuestro consuelo, se convierten en el motivo de nuestra mayor tristeza. En esos momentos, necesitamos buscar refugio en Dios para dormir en paz. El mejor tranquilizante es la fe en Dios. Cuando Dios es nuestro refugio, entonces, la cama más dura se convierte en un lugar de descanso y, aun recostando nuestra cabeza en una piedra como almohada, podemos soñar de las glorias del cielo.
Querido Dios. Ayúdame a dormir confiando que tú estás a cargo de mi vida. No hay nada que escape de tu mano. En Cristo Jesús, amén.