06 de junio del 2021
1 Corintios 2:6-16
COSAS QUE OJO NO VIO
“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que entendamos las cosas que Dios en su bondad nos ha dado”. 1 Corintios 2:12
No sospechamos el potencial que a veces tenemos en las manos. Me refiero a los teléfonos inteligentes que nos sorprenden con un sinnúmero de aplicaciones que muchos ni llegamos a poner en uso. Conozco a algunos, y espero no morderme la lengua, que son dueños de dispositivos sofisticados que solo utilizan para cosas básicas.
Y usted, ¿qué tanto conoce de las bendiciones que Dios ha dado a los creyentes? ¿Cuánto uso hace de la inmensidad de recursos que él ha puesto a disposición de sus hijos? No se trata de asuntos triviales, sino de “cosas que ojo no vio, ni oído oyó”. No están a disposición de los poderosos y los sabios de este mundo, sino de aquellos que Dios en su gracia ha llamado a su reino. Pero no se confunda. No se imagine experiencias místicas y reclame cosas para satisfacer sus deseos egoístas. Para discernir correctamente lo que Dios en su bondad nos ha dado, Dios nos ha impartido su Espíritu.
Y esto es lo que marca la diferencia. El Espíritu Santo nos ayuda a estar en sintonía con el corazón de Dios y con sus propósitos salvíficos. Antes de obrar cosas grandes a través de nosotros, Dios quiere que entendamos la grandiosa obra que Cristo ha hecho por nosotros. Si aun no lo ha hecho, pídale al Espíritu que le ayude a ver la belleza y la gloria de Cristo.
Espíritu Santo, quiero entender lo que ya Dios me ha dado, para no pedir lo que ya tengo. Por amor de Jesús, amén.
El camino a la madurez cristiana es una travesía maravillosa. No hay nada que se compare a estar en sintonía con la voluntad de nuestro bondadoso Dios. Su Hijo Jesucristo ha hecho posible el recorrido a través de su muerte en la cruz. Y, por si fuera poco, Dios ha hecho morar su Espíritu en nosotros para guiarnos, fortalecernos y capacitarnos para crecer junto con nuestros hermanos en la fe. Pero tenga cuidado de caer en la tentación de buscar atajos. No se deje seducir por los predicadores que le animan a seguir una meta distinta. La iglesia de Corinto es un ejemplo de los peligros de equi- vocar el camino y la confusión resultante. Gracias a Dios, nuestros errores no tienen la última palabra, y él permitió que el apóstol Pablo atendiera la necesidad pastoral de esta iglesia. De ese modo, la iglesia pudo retomar el camino, y nosotros también podemos hacerlo si nos hemos extraviado.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.