Filipenses 2:1-13
AMOR DE CALIDAD
“Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús...Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera…” Filipenses 2:5-7
Seguir a Jesús en solitario es como tocar un trombón o un bajo eléctrico solo; ambos suenan mejor en grupo. Pertenecer a Jesús es un asunto de familia. La salvación se experimenta con el pueblo de Jesús, su rebaño, su iglesia, a la que él llama su cuerpo.
El discurso de Pablo destaca el calor y bendición de la vida en común: “Si el amor los impulsa a consolar a otros, si todos participan del mismo Espíritu, si tienen un corazón compasivo, llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito”. La iglesia a la que se dirige estaba en Grecia, y él en una cárcel en Roma. Y, sin embargo, tiene una visión clara de la dulce calidad que debería tener su vida juntos. Esta cualidad de amor en una familia, iglesia o comunidad es rara, pero anhelarla y trabajar por ella es una prioridad absoluta.
Jesús ha cumplido este estándar de amor y servicio. Y ésa es la razón por la que todos en la tierra y en el cielo deben llamarlo Señor. ¡Asombroso! ¡El sirviente es el Rey! La naturaleza de siervo de Jesús, representada por los cristianos, es la razón por la que sus seguidores del primer siglo se preocuparon no solo por los demás, sino también por las víctimas de la peste, los ancianos y los bebés que eran abandonados a su suerte.
Señor Jesús, dame una profunda conciencia de mi familia en Cristo y de otros que necesitan tu amor y cuidado. En tu nombre, Amén.