Salmo 22:1-19
GRITO DESESPERADO
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
Salmo 22:1
El año 2020 se suponía iba a ser el año para reajustar la visión, cumplir nuestros sueños, pero, para algunos, se ha convertido en una pesadilla. Mientras escribía estas líneas, recibí un mensaje de audio de una joven, con su voz entrecortada por el llanto, pidiendo oración por la salud de su padre. Pero el cielo tenía otros planes.
Por eso, no me sorprende que muchas familias se hayan llegado a identificar con las primeras palabras del Salmo 22, más que con las del salmo siguiente, un poco más conocidas. Es un grito desgarrador, ante lo que percibimos como la ausencia de Dios, en el contexto del dolor que el coronavirus ha dejado.
Y algunos se castigan pensando que expresar nuestro dolor de esa forma pudiera indicar falta de fe, pero no es así. Si en algún momento, hemos llegado a sentir algo parecido, estamos en buena compañía. Porque Cristo mismo repitió estas palabras mientras colgaba de la cruz, sufriendo mucho más de lo que nosotros podemos imaginar. Y a diferencia de nosotros, él sí sufrió de manera real el abandono de su Padre al llevar el castigo que nuestros pecados merecían. Es de esta forma que Dios responde a nuestro dolor: ocupando nuestro lugar, y asegurándonos que es así que el mal, la enfermedad y el sufrimiento han sido vencidos en la cruz. ¡Demos la gloria a Dios por no dejarnos solos!
Señor, gracias por recordarme desde la cruz que mis sufrimientos son solo temporales, y no se comparan con la gloria que nos tienes preparada. Por Jesucristo, Amén.