Salmo 8:1-9
EL HIJO DEL HOMBRE
“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”Salmo 8:4
Cada día disfrutamos de un sinnúmero de cosas que debieran hacer explotar nuestro corazón en alabanza a Dios. El cielo estrellado, la belleza de las flores, la frescura de la tarde, nuestro organismo en funcionamiento. Pero ¿por qué gozamos de este privilegio extraordinario y, además, somos conscientes de ello?
La respuesta de este salmo apunta hacia la bondad de nuestro creador. Él nos ha colocado en una posición privilegiada para que no solo disfrutemos de las cosas creadas, sino que las usemos y transformemos de una forma responsable. Y al hacerlo, la gratitud y la alabanza a nuestro Creador debería fluir de manera natural como el agua en un arroyo. Sin embargo, no sucede así. El ecosistema está sumamente dañado, nuestro corazón se rebela contra el Creador, y la repartición de los recursos de este mundo refleja una desigualdad inexcusable.
¿Hay esperanza para que este universo recupere la dirección apropiada? Claro que sí. Cuando en la encarnación Jesús se hizo “poco menor que los ángeles” no solo lo hizo para lograr la salvación de la humanidad. Su obra también incluye el cumplimiento del diseño de Dios para la creación. Y su obra no quedará concluida hasta que la creación refleje el propósito de su Creador, y la humanidad redimida entre en posesión de esa creación renovada.
Oh, Jehová, Dios nuestro, gracias por enviar a tu Hijo para cumplir la tarea que como humano no hemos podido lograr. Ayúdanos a cuidar esta hermosa creación. En su nombre, Amén