Juan 1:1-18
VECINO CERCANO
“Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria…” Juan 1:14 NVI
En algún momento tuve la oportunidad de ser vecino de quien llegaría a ser pocos años después presidente de la república de mi país. Pero esto lo digo a veces solamente para bajarle los humos a alguien que alardea de haber sido vecino de alguien importante. En realidad, nunca vi que este conocido político llegara a su casa. Nunca tuve la oportunidad de saludarle, así que no esperen que algún día me haya pedido tomarse un selfi conmigo. Hay lugares donde las personas son solo vecinos de nombre.
¿Se imagina lo que se sentiría ser vecino del Hijo de Dios? ¿Con qué emoción le contaríamos a otros que lo vimos correr en la calle, trabajar en su carpintería, orar en su casa? La iglesia de Cristo proclama que, en un momento de la historia, él se hizo como uno de nosotros, pero no vino como un extraño. No necesitaba guardaespaldas fornidos que cuidaran su casa. No había protocolos extensos para poder hacerle una visita. Cristo “habitó entre nosotros”, acompañado de su maravillosa gloria divina
Pero la navidad tiene un mensaje mucho más profundo para todos nosotros. Cristo no quiere ser simplemente un vecino nuestro; él quiere vivir contigo, habitar en tu corazón, compartir tus alegrías y tristezas. Y estoy seguro que cuando él haga de tu corazón su aposento, vas a desear contar a otros de ese huésped maravilloso.
Señor, gracias por hacer de tu Hijo alguien tan cercano a nosotros. Estoy maravillado de poder decir que él vive en mí. En el nombre de Jesús, Amén.