Salmo 102:11-28
MANOS PORTENTOSAS
“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás”
Salmo 102:25-26
Hemos avanzado mucho en descubrir los secretos del universo. A veces conocemos más de otras galaxias que de algunos de nuestros vecinos. Hasta nos hemos aventurado a explicar cómo se originó este universo a través de una gran explosión ocurrida hace 13,800 millones de años. Los científicos afirman haber hallado los ecos y las radiaciones de esa explosión inicial. Me pregunto si algún día piensan dar con las manos que dieron forma a todo este maravilloso universo.
Los primeros creyentes en Jesucristo estaban convencidos que el Dios creador del universo había visitado este planeta. Durante 33 años él asumió nuestra humanidad, sin que por eso dejase de ser Dios. Y algunos de esos creyentes habían tenido la oportunidad de convivir con él, o, por lo menos, con aquellos que lo conocieron. ¿Cómo podía dudar la hija del centurión que Jesús era Dios si él le había devuelto la vida? ¿Cómo podían cuestionar su divinidad los discípulos que lo habían visto calmar la tormenta con la facilidad con que nosotros apagamos un ventilador?
La teoría de la gran explosión ha acercado a algunas personas a admitir la idea de Dios pues consideran que alguien tuvo que detonar ese comienzo. Pero nunca van a llegar a estar tan cerca de Dios como aquellos que han encontrado a Jesucristo, quien es anterior a todo lo creado.
Padre, gracias, porque quien ha visto a tu Hijo, te ha visto a ti. Gracias por darnos en Cristo el único camino hacia ti. En Cristo, Amén.