24 de noviembre del 2020
Juan 11:17-27
LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA
“Marta le dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” Juan 11:21
Quienes conocen a Jesús no están exentos de pruebas y dificultades. Ni siquiera aquellos que tienen una intimidad y cercanía a él, gozan de algún privilegio que aleje la aflicción de sus vidas.
Una de las familias más cercanas a Jesús era la de Lázaro, Martha y María, quienes vivían cerca de Jerusalén. Cuando su hermano enfermó gravemente, ellas lo hicieron saber a Jesús para que viniera pronto. Pero el maestro no lo hizo. Cuando llegó al hogar de sus amigos, ya Lázaro había muerto.
Las palabras con las que María y Martha recibieron a Jesús reflejan el sentir de muchas personas que esperaban una intervención oportuna de parte del Señor: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (v. 21).
Cuando algo así sucede en algunos creyentes queda la sensación de que el Señor les ha quedado a deber. Y entre más se encierran en su dolor, más va creciendo la idea de que el Señor no los ama tanto después de todo.
En este incidente Jesús decidió mostrar a estar hermanas el gran amor que él tiene por los suyos. Ese amor se muestra tanto en las lágrimas que él derrama, como en el poder para traer a Lázaro de nuevo a la vida. ¡Ahora la familia estaba reunida de nuevo!
¡Qué bendición es alabar al Señor junto con los hermanos...! ¡Qué bendición es alabar en familia pues solamente Jesús es la resurrección y la vida!
Querido Dios, deposito en tus manos la vida de mis seres queridos. Amén.