Números 20:1-13
ESCUCHANDO LA PALABRA DE DIOS
“Puesto que ustedes no tuvieron confianza en mí ni me honraron… no entrarán con esta gente en el país que les he dado”
Números 20:12
Una de las amenazas más grandes del desierto es que el agua se agote. En el desierto de Zin no había agua para que Israel tomara, y daba la impresión de que Dios los estaba dejando morir en el desierto. Pero Dios vino al rescate.
Esta no era la primera vez que Dios proveía agua en el desierto. Ya antes en la travesía de Israel Dios había mandado a Moisés que golpeara una roca. Moisés obedeció y el agua fluyó (Éxodo 17:1-7). Pero ahora Dios le dijo a Moisés que solo le hablara a la roca. Pero Moisés, enojado por las quejas del pueblo, golpeó la roca, y el Señor le dijo más tarde, “Puesto que ustedes no me honraron, no entrarán con esta gente en el país que les he dado”.
Obedecer lo que Dios ordena puede ser difícil. Puede ser algo desafiante creer que los mandatos de Dios son para nuestro bien. Pero desobedecer a Dios nos mete en problemas. Nuestras vidas no pueden florecer si nos rebelamos contra lo que Dios dice.
Dios mostró su gracia al dar agua a su pueblo a pesar de la desobediencia de Moisés. Y Dios es misericordioso con nosotros a pesar de nuestro pecado. Pablo nos recuerda en 1 de Corintios 10:4 que Jesús era la roca espiritual que acompañó a Israel y de la cual ellos bebieron en el desierto. Él recibió los golpes en nuestro lugar para que gocemos del agua espiritual que nuestras almas necesitan.
Jesús, gracias por llevar el castigo por nosotros, y darnos el agua de vida. Ayúdanos siempre a obedecerte. Amén.