Salmo 141
GUARDA MI BOCA
“Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios”
Salmo 141:3
¿De dónde vienen la mayoría de nuestros problemas? La boca. Nuestras palabras traicionan mas que nuestros actos. Una de las razones de esta desgracia es que nos resistimos a someter nuestra lengua al control de Jesucristo. Por esto casi siempre hablamos por nuestra propia cuenta y en términos que muchas veces niegan a Jesús. La realidad es que poco hay digno de alabanza en nosotros y mucho en Cristo.
Hay veces en que nuestras palabras demuestran estados anímicos. Hay que cuidarse siempre de lo que uno dice pero especialmente cuando uno siente ira o envidia u orgullo o está deprimido. Esas condiciones llevan a la pérdida de control y el primer control que se pierde es el de los labios.
Aprendamos también a poner a prueba nuestras palabras antes de decirlas. ¿Son la verdad? ¿Son necesarias? ¿Qué efecto tendrán en quienes las oyen? Cuídese de los chismes que no son otra cosa que asesinar el carácter ajeno. La gente que tiene problemas necesita ayuda y no los chismes.
Trate también de que sus palabras sean de pureza. Muchos de los males modernos brotan de la basura moral y la profanación en nuestro lenguaje. Hay tanto de esto en el mundo que ya casi ni nos afecta. Mas que nada, imitemos las palabras de Cristo. ¿Qué diría Él? Esto es verdad: cada palabra que Él pronunció fue para la gloria de Dios.
Señor Jesús, haz que nuestros pensamientos y palabras sean de tu agrado. Nos da vergüenza a veces el uso que le damos a nuestros labios. Purifica, Señor, nuestro corazón y nuestra boca. Amén.