02 de agosto del 2020
Gálatas 3:26-29
NIÑOS Y ANCIANOS
“Pues por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios”
Gálatas 3:26
Allí estaban parados juntos, en frente de toda la iglesia, leyendo la Biblia. Juan tenía unos siete años, y Guillermo por lo menos setenta y siete. Juan era la voz de una fe joven, y Guillermo era la voz de una fe madura. La voz del niño estaba llena de esperanza por la obra de Dios en este mundo, mientras que el anciano resonaba con la fidelidad de Dios experimentada a lo largo de una vida de discipulado. ¡Qué hermosa experiencia escuchar esas dos voces!
Hay pocos lugares en el mundo donde personas de diferentes generaciones pueden interactuar, e incluso es raro que un niño y un adulto de edad se unan para hacer algo importante. En la cultura en que vivimos las generaciones se mantienen separadas, a veces enfrentándose, y, de seguro, cautelosas la una de la otra.
La iglesia tiene otro llamado. Su misión es derribar los muros que la sociedad levanta. En la iglesia de Jesucristo el pueblo es uno, sin importar edad, origen étnico o género. Esta unidad es un regalo de Dios para que nosotros lo mostremos al mundo. No hay diferencia humana más poderosa que el poder de la cruz para unir a todos los pueblos. No recuerdo el pasaje que Juan y Guillermo leyeron juntos, pero sí me acuerdo lo que me enseñaron esa mañana: la iglesia es donde pertenecemos a Dios y los unos a los otros.
Joven o anciano, hombre o mujer, de cualquier nación, todos somos preciosos a tus ojos, Señor. ¡Gracias! En nombre de Jesús, Amén.