03 de agosto del 2020
Salmo 150
CADA PERSONA
“¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya!”
Salmo 150:6
En las mañanas durante la semana, me gusta entrar y caminar por el santuario de nuestra iglesia. Los recuerdos del domingo anterior aún están frescos en mi mente, y también empiezo a formar planes para el próximo domingo. Hay un silencio absoluto. Las sillas están vacías y ordenadas, el piano cubierto, y, sobre el púlpito, un himnario cerrado. Me acuerdo de las personas que vi el domingo. Algunos están lidiando con un gran pesar. Otros están disfrutando de los mejores momentos de su vida. Algunos están sirviendo a Dios. Algunos no están viviendo cerca de Dios. Y aun hay otros a quienes no les importa nada.
Pero todos estamos llamados a alabar a Dios. Al igual que los diversos instrumentos musicales mencionados en el Salmo 150, todas las personas de nuestra congregación, aun con sus diversas situaciones en sus vidas, estamos llamadas a alabar al Señor de la mejor forma posible. Y, maravillosamente, en esa alabanza, corazones endurecidos pueden ser tocados por la gracia de Dios y corazones distantes pueden acercarse a Dios.
El próximo domingo, cuando el pueblo de Dios se reúna de nuevo, se saludarán entre sí al encontrarse y harán mucha bulla. Luego harán más ruido durante el servicio. Y todo es maravilloso, porque todo pertenece a Dios.
Toda nuestra alabanza es tuya, ¡oh Señor! Que sea alabado tu nombre. La iglesia se reúne para hacer lo que ninguna otra institución en la tierra puede hacer: adorarte. Amén