04 de junio del 2020
Mateo 3:1-2
JUAN EL BAUTISTA
“Vino Juan el Bautista predicando y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
Mateo 3:1-2
Parece difícil de creer que Juan el Bautista haya escogido el desierto de Judea como el lugar apropiado para anunciar la llegada de un rey. Sin embargo, la Biblia dice que es este Juan a quien el profeta Isaías se refería cuando dijo: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.” (Isaías 40:3)
¿Será acaso que el desierto sea un símbolo de nuestras vidas cuando las vivimos separados de Dios? Cabe recordar que al final de este desierto donde Juan predicaba estaba también el río Jordán, lugar donde eran bautizados quienes confesaban sus pecados. Las aguas del río servían a quienes recibían el mensaje del Bautista como la sede de la renuncia al pecado y el nacimiento a una vida nueva, tras el arrepentimiento genuino.
“Arrepentíos”, decía Juan, “porque el reino de los cielos se ha acercado.” ¿Qué quería decir con esto? El arrepentimiento no es solo una expresión de remordimiento o el reconocer que nuestra manera de pensar y actuar ha estado mal. Se requiere un cambio radical, alejándonos del pecado, y escogiendo vivir en rectitud. El hecho de que Jesús caminó en este mundo marca el acercamiento del reino de los cielos, la aproximación de Dios mismo hacia la humanidad. La oportunidad de estar cerca de Dios la encontramos al acercarnos, arrepentidos, hacia Cristo. ¿Qué esperas? Acércate.
Jesús, me arrepiento de mis pecados. Te necesito. ¡Gracias por acercarte a mí! Amén.