31 de mayo del 2020
Deuteronomio 34:1-10
FIDELIDAD, DE EGIPTO A CANAAN
“Nada es comparable al Dios de Jesurún, que cabalga con majestad sobre las nubes del cielo para venir en tu ayuda”. Deuteronomio 33:26.
¿Vives en el pasado, repasando experiencias agradables y otras no tan agradables pero que ahora son parte de la historia? En ese proceso nos persigue la sensación de que no aprovechamos las tantas oportunidades, que ahora se han ido, ¡y para siempre! Nadie mejor que Moisés se enfrentó al dilema de tener que echar una mirada al pasado y otra al futuro, y todo al mismo tiempo. Antes de morir, a Moisés se le prometió que vería el futuro, el cual estaba concentrado en la Tierra Prometida. Antes de su final caminata a la cima del monte Nebo, Dios le da la oportunidad de hablarle a su pueblo por última vez. Con tantas experiencias y vivencias por más de 40 años, con tanto que ver y anticipar el futuro, ¿Cómo resumirlo? ¿Cuál sería la última enseñanza después de todo lo que juntos habían vivido? Después de analizar su vida y servicio a Dios, y a su pueblo, ya sea mirando hacia atrás o hacia adelante, el mensaje es el mismo: “La certeza y confianza de la presencia y fidelidad de Dios”. El Dios que acompaña desde Egipto hasta la Tierra Prometida. El mismo que continúa cuidando y guiándonos. Dios es el “refugio sempiterno; por siempre te sostiene entre sus brazos”, pasado, presente y futuro. Esa es la palabra de ánimo que Moisés le deja a Israel antes de partir. Deut. 31.
Señor, te doy gracias porque en Moisés veo tu fidelidad, por eso puedo confiar que nunca me dejarás ni abandonarás, que estarás a mi lado de principio a fin. Por Jesús, amén.