Apocalipsis 21:10-27
EN CAMINO A LA CASA DEL PADRE
“El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos lo adorarán.” Apocalipsis 22:3
Por el testimonio de la Biblia estamos convencidos que los cristianos tenemos la ciudadanía en el cielo, y que nuestro tesoro está reservado allí (Mateo 6:20). También ella presenta ese lugar como un hogar eterno (1 Tesalonicenses 4:17). Cuando Jesús habla de este lugar como “la casa de mi Padre”, difícilmente podemos tomar tal referencia como “imaginaria”. Todo lo contrario, como creyente puedo tener la confianza de que seré uno de los habitantes de esa morada celestial, que es tan real como Jesús mismo. Y esto sucede de manera parcial cuando el creyente muere físicamente, y su espíritu entra inmediatamente en la presencia de Dios (2 Corintios 5:6). Una vez que el tiempo de Dios se cumpla, Jesucristo regresará con el fin de hacer nuevas todas las cosas. Primero, nuestros cuerpos serán resucitados inmortales, libres de la decadencia terrenal. Luego, la tierra será transformada en un paraíso incontaminado, y entraremos a la Nueva Jerusalén celestial, (Apocalipsis 21:10-27). Nuestra labor en el cielo no será saltar de una nube a otra con arpas en la mano. Ese cuadro sí que es pura imaginación. Los hijos de Dios estaremos sirviendo y alabando a Dios. “El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos lo adorarán”. Además, disfrutaremos de nuevas fuerzas y de la armonía perfecta con el Señor y otros cristianos.
Te doy gracias mi Dios y gran Creador por ese futuro brillante que me espera. Suelta mi lengua para proclamarlo a otros. Por Jesús, amen.