22 de abril del 2020
2 Pedro 3:3-13
ESTE MUNDO NO ES MI HOGAR
“Pero nosotros esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios ha prometido…”
2 Pedro 3:13
Se cuenta que, en una ocasión, el expresidente de los Estados Unidos, Teodoro Roosevelt, regresaba de un safari africano. A su arribo, lo esperaban con bandas musicales, juegos pirotécnicos, globos, y la algarabía de un pueblo entusiasmado por su retorno al país. En el mismo barco también venía una pareja de misioneros que por muchos años proclamaron el evangelio entre los indígenas de esas regiones africanas. Entre sonidos de bandas y aplausos, la pareja salió del muelle pasando desapercibida. Ya alojados en un pequeño y barato hotel, con su espíritu herido, el esposo le dice a su esposa: “No entiendo, creo que Dios nos está tratando injustamente”. La esposa le sugiere: “Vete al cuarto, y díselo al Señor”. Minutos después salió del dormitorio con el rostro cambiado. Su esposa pregunta: “Querido, ¿qué pasó?” Su respuesta fue: “El Señor ya arregló cuentas conmigo. Le dije lo amargado que estaba porque el presidente recibía toda esa atención y bienvenida, mientras que a nosotros nadie nos esperaba a nuestro retorno a casa. Al terminar, sentí como si el Señor ponía su mano sobre mí, y me decía: «Pero, mi hijo, recuerda, tú aun nos has llegado a casa».” Por eso es que los cristianos con gozo cantamos: “El mundo no es mi hogar, soy peregrino aquí, en la mansión de luz tendré tesoro allí…” ¡Y seremos recibidos en un ambiente de fiesta!
Señor mi Dios, reconociendo que mi hogar eterno es el cielo, quiero vivir reflejando esa verdad aquí en la tierra, en el nombre de Jesús, amén.