23 de abril del 2020
Hebreos 12:18-24
LA VERDADERA CIUDAD SANTA
“… en ellos escribiré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios…”
Apocalipsis 3:12 2
La segunda descripción bíblica del cielo es la de una ciudad. Esta idea de una ciudad de Dios, bendecida por su santa presencia y con una existencia eterna, viene desde el período de los patriarcas, esos tiempos en que Dios comenzó a preparar un pueblo para sí. Muchas son las cosas que se dicen de Abraham, entre ellas, sobresale ésta que dice que “esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes, de la cual Dios es arquitecto y constructor” (Hebreos 11:10). El salmista hace eco de esta esperanza al escribir: “Un río alegra con sus brazos la ciudad de Dios, la más santa de las ciudades del Altísimo. Dios está en medio de ella, y la sostendrá; Dios la ayudará al comenzar el día” (Salmo 46:4-5). Al escribir sus experiencias en el Apocalipsis, Juan le llama “la ciudad santa”, realzando con esta descripción, el gran contraste con las ciudades impías de la tierra, lo cual se hace esencial, si es que Dios, el Santo, mora en ella. Nuevamente, al referirse al destino de los creyentes, los santos de Dios, el libro a los Hebreos dice: “Ustedes, por el contrario, se han acercado al monte Sión, y a la ciudad del Dios viviente, la Jerusalén celestial, y a muchos miles de ángeles reunidos para alabar a Dios” (Hebreos 12:22). Y en el último libro de la Biblia, escrito por el apóstol Juan, encontramos detalles profusos acerca de esa ciudad.
Señor Jesús, hoy te ruego que me guardes de acomodarme demasiado a este mundo, de tal manera que oscurezca mi vista de ti y del cielo. Te lo pido en tu nombre, amén.