Romanos 6:1-12,22-23
SALUDO PASCUAL: ¡HA RESUCITADO!
“Si nosotros hemos muerto con Cristo, confiamos en que también viviremos con él”.
Romanos 6:8
“¡Él ha resucitado! ¡Ciertamente, ha resucitado!” Es posible que escuche este saludo hoy, cuando la cristiandad celebra la Resurrección, aunque algunos tengan que hacerlo desde sus hogares. Hasta donde sabemos, este “saludo pascual” se originó entre las iglesias ortodoxas de Oriente. Su base la encontramos en Lucas 24:34: “De veras ha resucitado el Señor, y se le ha aparecido a Simón”. Con ese saludo, reconocemos que la muerte y resurrección de Jesucristo se traduce en el regalo de la vida eterna, regalo para el que Pablo no encuentra descripción adecuada (2 Corintios 9:15). ¿Y cómo explicarlo? Como pecadores, en realidad no lo merecemos. Pablo nos recuerda de las severas consecuencias de nuestro pecado, en comparación a tan maravilloso regalo recibido. Al principio del pasaje, Pablo advierte de la tentación de creer que, como Jesús saldó la deuda del pecado, podemos vivir como se nos antoje. Si así piensa usted, es que no ha entendido bien el mensaje. La respuesta de Pablo es enfática: ¡Claro que no! (Romanos 6:15). La idea central del apóstol es que, al declarar que nos unimos con Cristo en su muerte, también compartimos los efectos de su resurrección: Muertos al pecado. Libres. Instrumentos de bien. Vivos para Dios. Obediencia. Vida santa, en fin: “vivir obedeciendo de corazón a la forma de enseñanza que hemos recibido”
Señor Jesús, mi vida en ti es un milagro, y no merezco nada de lo que me das. Dame sabiduría para vivir bajo los efectos de tu muerte y resurrección, en tu glorioso nombre, amén.