16 de marzo del 2020
Conocer el camino
“Sólo el que vive sin tacha y practica la justicia; el que dice la verdad de todo corazón.” Salmo 15:2
Cuando el salmista menciona el santuario divino, habla del lugar más sagrado en la cultura y religión judía. La adoración se centraba allí, no había la figura de un templo, sino un lugar dedicado a Dios lo suficientemente evidente como para que todas las tribus en su entorno lo notaran y supieran que adoraban a un Dios cercano, un Dios que les ama a pesar de sus errores y desobediencias. Las referencias simbólico-poéticas son muy ricas y llenas de figuras que nos recuerdan que una verdadera comunión con Dios incluye una visión ética de la vida con sus semejantes, donde la plenitud y el verdadero buen vivir se expresan de forma tal que imaginemos y comencemos a pensar en que así era el plan original para toda la humanidad. Ese proyecto divino no autoriza la supremacía de ningún ser humano o grupo sobre otro. Por el contrario, aquellos que pueden venir delante de su presencia, y tener comunión con él, encarnan esa visión universal de justicia y fraternidad que respeta la dignidad de los otros seres humanos. Es por eso que aquella persona, familia, comunidad, pueblo o país a quien Dios dignifica, no eran ciertamente mejores que los otros, pero sí son llamados a vivir de forma consecuente, es decir ética, en medio de todo un entorno que lo que plantea y ofrece es la muerte, ya sea de forma explícita o implícita, ¡eso es verdaderamente habitar en su santo monte!
Oración: Señor del universo, oramos para que tu Palabra y Espíritu nos revelen cómo vivir de manera consecuente con nuestros semejantes. Amén.