Proceder con justicia
“Señor, hazme justicia, pues mi vida no tiene tacha. En ti, Señor, confío firmemente.” Salmo 26:1
Este es un canto desesperado que sale de la boca del salmista. Una canción con notas llenas de temor, angustia, desesperación, preocupación y de otros sentimientos que le invaden por todas las crisis acumuladas. El cantor recuerda sus virtudes de manera tal que hace memoria de todo lo que realizó para agradar a su Señor y hacer todo lo posible por alejarse de todo aquello que refleja la maldad, la hipocresía y el odio. Por el contrario, le suplica que le examine en cuanto a su fidelidad y a la adoración práctica que rindió, de su nivel de consciencia para alejarse de todo tipo de perversión y consecuentemente pueda ser librado del mal que a su alrededor le atormenta, en medio de la persecución de quienes de forma egolátrica se creen mejores que él y los suyos… Leer este salmo detenidamente, nos impulsará a ponernos en algún momento en dos extremos diametralmente diferentes: el primero es el que nos acerca a Dios y a nuestro prójimo, el segundo es el que nos hace actuar con maldad. ¿Dónde podemos ubicarnos? ¿Podemos clamar como el salmista e implorar la justicia de Dios en medio de las crisis? Esto debe hacernos reflexionar y llevarnos a un autoexamen que nos ayude a replantear nuestras vidas.
Oración: Señor, perdónanos porque en algún momento hemos actuado injustamente y ayúdanos a proceder de forma justa. Amén.