Una orden aparentemente ilógica
“El hombre se unió con su esposa Eva. Ella quedó embarazada y dio a luz a su hijo Caín.” Génesis 4:1a
El primer ser humano nacido de la unión de un hombre y una mujer fue Caín, el segundo fue Abel. El primero, al crecer, optó por ser agricultor; el otro, pastor de ovejas. El mayor que representaba la vida sedentaria, y el menor la vida nómada, administraban dos medios de producción distintos. Dios recibió con agrado la adoración del menor, pero con el mayor pasó lo contrario. Éste se enoja y Dios le habla por primera vez. Tiempo después Caín invitó a su hermano Abel a dar un paseo donde lo asesinó. Dios vuelve a hablar con él por segunda vez y lo confronta y sanciona con el destierro. Esta vez Caín tiene un diálogo directo con el Creador y comparte su temor de ser asesinado. Dios, poniéndole una marca, lo protegió y advirtió que cualquiera que le hiciera daño sería castigado siete veces más. Somos personas diferentes, creados a imagen y semejanza de un Dios que nos brindó rasgos maravillosos, ¡donde todos somos seres humanos! Amados por nuestro Creador, sin importar nuestros orígenes étnicos, Él muestra incluso su amor y misericordia por aquellos que en su momento han hecho cosas terribles como Caín, dándoles la oportunidad que bajo la vía de la introspección puedan arrepentirse de sus actos, sobre todo el de repudiar a otras personas por cualquier motivo y evitando así la venganza.
Oración: Bendito Señor, ayúdanos a apartar de nosotros todo tipo de recriminación ante nuestros semejantes. Amén.