25 de noviembre del 2019
Juan 20:11-18
Reconociendo la voz del Maestro
“Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”
Juan 20:15
¿Por qué una persona llora? Puede llorar porque tiene hambre, porque está con algún tipo de dolor, por haber quedado sin empleo o por haber perdido a alguien muy querido.
Para muchos, llorar es una demostración de debilidad, para otros puede significar una demostración de fuerza, principalmente si llora en público, pero las lágrimas no deben impedirte para ver la realidad.
María Magdalena quería ver con sus propios ojos donde Jesús había sido enterrado. Ella se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó para mirar dentro. Entonces escuchó una voz, y pensando que era la voz del hombre que cuidaba el huerto, le dijo: “Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo.”
Jesús entonces le dijo: “¡María! Ella se volvió y le dijo en hebreo: ¡Rabuni! (que quiere decir: «Maestro»)” Aquí en este punto sucede algo maravilloso, aunque un poco tarde. Desde el punto de vista humano, la oveja reconoció la voz de su pastor y eso es lo que importa.
Jesús se presenta a nosotros todos los días de muchas y diversas maneras. Es responsabilidad de nosotros estar listos para atender su llamada y reconocer sus promesas de vida eterna. Déjame escuchar tu voz, Señor.
Ayúdame, bondadoso señor, a reconocer tu voz y a seguirte por dondequiera que vayas. Amén.