26 de noviembre del 2019
Juan 20:24-29
La incredulidad que ciega
“Jesús le dijo: ¿Crees porque me has visto?”
Juan 20:29
El mundo prácticamente se detuvo el 24 de mayo de 2018 para acompañar la boda del Príncipe Harry con la actriz Meghan Markle. Unos querían ver el vestido de la novia, otros querían ver a los astros y estrellas invitados y otros todavía sólo querían ver el lujo y la riqueza de un matrimonio real.
Para mucha gente la vida se resume a esto: un espectáculo de luces y colores y todo tiene que ser lo más grandioso posible. Tal vez por este motivo el apóstol Tomás dudó cuando Jesús apareció y habló con él poco después de haber resucitado. Puede ser que, ante todo lo que había presenciado, de todos los milagros hechos, Tomás quería ver a Jesús resucitar de una manera espectacular
En lugar de eso, Jesús fue hablando con las personas más cercanas a él entonces Tomás, que no había presenciado ningún espectáculo acabó dudando al punto de decir: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer”.
Después de permitir que Tomás le tocara, Jesús dijo: “¡Dichosos los que creen sin haber visto! En esta frase está el secreto de la vida cristiana.”
Tomás podía verlo personalmente, pero pidió una prueba. Nosotros no podemos verlo, pero podemos sentirlo y obedecerlo y compartir las bendiciones de una vida eterna con él.
Jesús, perdóname cuando no percibo que el mayor espectáculo ya ocurrido, y fue la intervención de Dios en la tierra, regalándonos su presencia. Amén.