11 de octubre del 2019
Hebreos 9:11-28
LA MUERTE DE CRISTO EN LA CRUZ
“Cristo ha aparecido una sola vez y para siempre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio para quitar el pecado.” Hebreos 9:26
Como los pueblos antiguos, los israelitas practicaban el sacrificio de sangre. El Antiguo Testamento proporciona instrucciones detalladas para una variedad de sacrificios de animales. Hacer esos sacrificios era un requisito estricto de la ley del Antiguo Testamento, en la que Dios dijo: “es la sangre la que paga el rescate por la vida.” A través del Nuevo Testamento, ahora sabemos que los sacrificios del Antiguo Testamento eran temporales y provisionales. Señalaban al verdadero y completo sacrificio proporcionado por Dios mismo. Los versículos de hoy muestran que Jesús, sin mancha por pecado, fue el sacrificio perfecto. Sólo la sangre de Jesús, el Cordero de Dios, puede hacer eso. Su sacrificio por nosotros es de “una vez por todas”. Basado en su lectura de la Biblia, los reformadores redescubrieron la verdad de que el sacrificio de Cristo ha sido acreditado a pecadores que nunca podrían salvarse a sí mismos. Eso nos incluye a ti y a mí. Ahora estamos llamados a ofrecer nuestras vidas diariamente, como dice el apóstol Pablo en Romanos 12:1, como “un sacrificio vivo” a Dios, glorificándolo y sirviendo a los demás. ¿Qué vas a hacer hoy para mostrar tu gratitud por el sacrificio de Jesús? ¿Cómo lucharás para agradar a Dios y amar a quienes te rodean?
Jesús, tú sólo hiciste el sacrificio perfecto por el pecado. Ayúdame, en todo lo que hago, a hacerte un grato sacrificio de agradecimiento. Amén.