1 Juan 3:4-10
EL HIJO DESTRUYE LAS OBRAS DEL DIABLO
“El que practica el pecado es del diablo. Precisamente para esto ha venido el Hijo de Dios: para deshacer lo hecho por el diablo”. 1 Juan 3:7-8
No ha leído mal. El pecado tiene un origen inequívoco. Puede culpar a sus padres, o atribuirlo a la sociedad. Puede invocar a los astros o apoyarse en explicaciones psicológicas, pero nada de eso resuelve el problema. “El que practica el pecado es del diablo”, dice el pasaje. Nuestro linaje espiritual, en esa condición, tiene un origen siniestro. No es algo casual o pasajero. No puede corregirse con mejor educación ni con condiciones externas favorables.
Pero, gracias a Dios, no estamos a la deriva. Si alguna vez la palabra “precisamente” ha sido usada con exactitud, es aquí: “Para esto ha venido el Hijo de Dios”. Jesús no vino en un tour intergaláctico a este planeta. Tampoco apareció con la idea de pasar un tiempo de asueto entre nosotros. Podemos imaginar una infinidad de motivos alternos para explicar que Dios se haya hecho hombre. Pero solo una de ellas basta para explicar su venida: “para deshacer lo hecho por el diablo”.
Él vino a revertir el desastre provocado por el gran adversario. Vino a romper el dominio del pecado. Vino a cambiar nuestra historia desde la raíz. Y esa es la gran noticia. Porque en Cristo, nuestro linaje cambia. Ya no estamos definidos por lo que éramos, sino por lo que Él ha hecho. Por medio del nuevo nacimiento, somos hechos hijos de Dios. Formamos parte de una nueva familia.
Padre, gracias por enviar a tu Hijo al mundo, y permitirnos llegar a formar parte de tu familia. En el nombre de Jesús, amén.