Santiago 2:14-26
FE PROFESADA Y FE VIVIDA
“¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si sus hechos no lo demuestran? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?”Santiago 2:14
Sabemos que somos salvos por gracia. La iniciativa es de Dios. No merecemos su misericordia. Cristo nos salva. Cristo nos reconcilió. Así de simple. Nuestra respuesta al amor de Dios es la fe, que es un don de Dios. Nuestra profesión de fe comienza en una larga jornada de maduración en la fe. En esta caminata procuramos aprender y vivir la relación entre la fe profesada y la fe vivida.Demostramos nuestro amor a Dios y nuestra participación en su misión por obras de compasión, por prácticas cristianas y humanitarias. La fe es para ser vivida, demostrada en la vida cotidiana. La fe tiene implicaciones prácticas. Actitudes y virtudes para abrazar. Sin embargo, la pura apariencia, la vanidad de las prácticas espirituales, la hipocresía, deben ser siempre rechazadas en nombre de la coherencia entre la fe y su vivencia.Santiago destaca la diaconía compasiva y la justicia social. Jesús siempre insiste. No basta con llamarlo Señor. Hay que practicar lo que se oye. Es necesario anunciar las buenas nuevas, acudir a las personas necesitadas, solidarizarse con el prójimo, hacer justicia, perdonar, practicar la hospitalidad, promover la paz, construir comunidad, cuidar de la creación. En fin, servir como Jesús sirvió. Amar como Jesús amó. Practicar obras con fe y amor.
Hay que practicar lo que se oye. Es necesario anunciar las buenas nuevas, acudir a las personas necesitadas, solidarizarse con el prójimo. Es el anuncio del gran amor de Dios.