12 de octubre del 2026
Génesis 11:1-4
EL ORGULLO DE BABEL
“Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”. Génesis 11:4
Al leer este versículo, por un momento me parece estar viendo un comercial de televisión. Todo son promesas: llegar más alto, hacerse de un nombre, encontrar seguridad y formar parte de algo grande. ¿Quién no quisiera algo así? Compra esto y serás admirado. Alcanza esta posición y habrás triunfado. Consigue más seguidores y serás importante. Ten éxito y finalmente podrás sentirte satisfecho contigo mismo. Cambian los anuncios, pero la promesa sigue siendo la misma: puedes construir una vida suficientemente grande como para no necesitar de nadie más. Eso fue Babel. El problema no era construir una ciudad ni levantar una torre. El problema estaba detrás del proyecto: “hagámonos un nombre”. Querían grandeza, seguridad y unidad, pero dejando a Dios fuera de sus planes. También nosotros podemos pasar la vida construyendo pequeñas torres: una carrera, una posición, o una imagen que queremos mantener ante los demás. Ninguna de esas cosas es necesariamente mala. El problema comienza cuando esperamos que ellas nos den el valor y la seguridad que solamente podemos encontrar en Dios. Por eso vale la pena preguntarnos: ¿qué torre estoy construyendo para demostrar que mi vida vale? No necesitamos hacernos un nombre para ser alguien. Nuestra verdadera seguridad no está en qué tan alto podamos llegar, sino en pertenecer al Dios que ya nos conoce por nombre.
Perdónanos, buen Dios, por ir tras el reconocimiento y la aprobación. Abre nuestros ojos para ver el propósito que tienes para nosotros y encontrar contentamiento en Ti. En Jesús, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.