29 de agosto del 2026
Zacarías 8:1-8
EL DELEITE DE DIOS
“Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas”. Zacarías 8:5
En la visión que Dios da al profeta Zacarías, una de las señales más hermosas de restauración es sorprendentemente sencilla: niños jugando en las calles. En un mundo marcado por la violencia y la inseguridad, ver a los niños correr y jugar libremente significa que la ciudad ha sido sanada. Hay paz. Hay vida. Hay esperanza. El juego, entonces, no es algo trivial. Es una señal de bienestar y de comunidad. En cierta ocasión, un grupo de líderes cristianos visitó un barrio donde un terreno que antes era un basurero había sido transformado en una cancha de fútbol. Mientras escuchaban cómo había ocurrido esa transformación, llegaron varias jóvenes con sus uniformes listos para entrenar. Poco después invitaron a los visitantes a jugar un partido. Nadie estaba preparado para el juego, ni hablaban el mismo idioma, pero aun así compartieron un momento de alegría y comunidad. Para esas jóvenes, que enfrentaban muchas dificultades en su vida diaria, aquel espacio de juego era más que entretenimiento. Era un pequeño signo de esperanza en medio de una realidad difícil. Algo parecido sugiere Zacarías. Cuando Dios restaura su pueblo, la vida vuelve a florecer en las calles. La alegría regresa. Las personas pueden volver a disfrutar de la comunidad y de los dones de la creación. Dios se deleita en su mundo y nos invita a participar también de ese gozo.
Dios, gracias por crearnos para trabajar y también para gozarnos. Ayúdanos a apreciar ambos regalos. Concédenos tiempos de gozo y alegría. En Cristo Jesús, Amén.