1 Corintios 2:1-5
DIOS VIENE PRIMERO
“Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor…” 1 Corintios 2:3
Para muchas personas, iniciar una conversación sobre el evangelio no es fácil. A veces aparece el temor al rechazo. O la preocupación de no encontrar las palabras correctas. O la sensación de no tener la habilidad para explicar la fe. En el fondo, muchas de estas dificultades tienen algo en común: nuestra mirada termina puesta en nosotros mismos. Nos preguntamos si sabremos qué decir, si pareceremos torpes o si estaremos a la altura del momento.
Por eso resulta tan sorprendente leer el testimonio del apóstol Pablo. En su carta a los corintios reconoce que llegó a ellos “con debilidad, y mucho temor y temblor”. No habló con discursos brillantes ni con argumentos sofisticados. Sin embargo, ese mismo Pablo es recordado como uno de los proclamadores más influyentes del evangelio. ¿Cuál era su secreto?
Pablo mismo lo explica: su mensaje vino “con demostración del Espíritu y de poder”. Él no trataba de impresionar a las personas ni de ponerse en el centro. Su propósito era poner a Dios primero y anunciar las buenas noticias de Jesús, quien vino a salvarnos. ¿Se da cuenta? Las palabras son valiosas, pero no lo son todo. Lo que realmente transforma a las personas es el poder de Dios obrando a través del Espíritu. Y cuando Dios ocupa el primer lugar, incluso nuestra debilidad puede convertirse en el escenario donde su poder se hace visible.
Señor, gracias por el regalo de tu Espíritu. Abre nuestros corazones para que puedas obrar a través de nosotros y ayudar a otros a experimentar tu amor. Amén.