Salmo 122:1-5
JUNTOS EN LA CASA DE DIOS
“Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos”. Salmo 122:1
¡Qué hermosa expresión de alegría encontramos en estas palabras del salmista! Su corazón se llena de gozo al escuchar la invitación: “A la casa de Jehová iremos”. Y claro que hay suficientes motivos para celebrar. Ser parte de la comunidad de fe, participar de la adoración en comunión con los hermanos es un privilegio sublime y bendito. Los miembros de la iglesia son ramas de la Vid verdadera, miembros del cuerpo de Cristo, ovejas de su rebaño. No solo necesitamos al Señor, sino también a los demás. Un miembro no sobrevive fuera del cuerpo de Cristo y la rama se seca si no está unida a la vid. Y la oveja necesita estar unida al rebaño.
No basta con ser un adorador ocasional. Piense en todo lo que ocurre cuando estamos en la casa del señor. Cuando asistimos al lugar de reunión como iglesia tenemos un triple encuentro. Primero, encontramos al propio Dios en cuya casa entramos. Él es el centro del culto, la fuente de todas las bendiciones.
Segundo, cuando vamos a la casa de Dios tenemos un encuentro con nuestros hermanos. Nos impulsamos y animamos unos a otros. El tempo es un lugar para edificar y ser edificados, para animar y ser animados. Por último, tenemos un encuentro con nosotros mismos. La casa de Dios es un lugar de autoexaminación, arrepentimiento y toma de decisiones. Entonces, ¿vas alegre a la casa del Señor?
Señor y Dios nuestro, gracias por el privilegio de ser parte de tu iglesia y porque nos permites congregarnos teniendo un encuentro contigo y con nuestros hermanos. En Jesús, Amén.